Pero si yo no fui…!!!

Habíamos decidido ir al cine con los muchachos. Alberto tenía una molestia en la pierna, no llegaba a renguear pero caminaba con dificultad y no lograba mantenerse quieto cuando se sentaba… levantaba su pierna levemente como queriendo acomodar algún músculo que no se acomodaba y así andaba… moviendo la pierna y poniéndose para un costado de la butaca y después para el otro y levantando la pierna otro poco para sostenerla unos centímetros arriba… La película era de terror, género que nos apasionaba por cierto… y como se imaginarán, en las peliculas de terror que son realmente buenas, el suspenso atrapa a tal punto que uno se queda inmóvil… y así estaba todo el mundo en el cine aquella noche… todos menos Alberto que seguía moviendo su pierna y acomodándose de un lado hacia otro… hasta que por ahí, en un momento inesperado, totalmente inoportuno y desafortunado, un terrible olor a mierda invadio la zona de butacas en las que nos hallábamos… una flatulencia que -aunque sorda- resultó realmente importante y por cierto conmovedora… tal es así que en los alrededores, principalmente en las butacas ubicadas detrás nuestro, hubo gente que profirió frases casi irreproducibles aquí, acusando al pobre Alberto de haberse tirado semejante pedo…¡Eh… dogor, cagate para otro lado la re-pu-ta-que-te-re-pa-rió…!!! fue lo más suave que se le dijo. Es evidente que aquel mal olor, potente por cierto, provino de las cercanías… y también es evidente que los de atrás asociaron los movimientos de Alberto a algún malestar estomacal inexistente en él dando como resultado una cantidad importante de acusaciones de un sinnumero de desconocidos que solo pretendían ver la película y optaron por retirarse hacia otro sector del cine, perdiendo secuencias importantes de la misma, aunque exagerando un poco la situación, porque vamos a ser sinceros… un pedo, por más espeso que sea, es un pedo… y en un lugar grande se disipa rápidamente… esta gente era de agrandar mucho las cosas… Si, para ser sincero era una flatulencia casi maliciosa, pero bueno, tampoco era como para decirle al pobre gordo las cosas que le dijeron y menos aún sin ninguna pueba… Pero la gente es de prejuzgar… no hay nada que hacer el ser humano tiene esa necesidad de echarle la culpa a alguien, de encontrar un responsable de lo que sea… que se le va a hacer, es así la cosa…
El caso es que Alberto jura y perjura que él no fue… pero lo cierto es que por culpa de aquel flato silencioso, aunque contundente -seguramente de algún desubicado e inescrupuloso que se hizo bien el pelotudo- el Dogor se comió infinidad de puteadas y el resto de nosotros, como no podía ser de otra manera, no podíamos parar de reír.

Juan Argento

 

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