Amazona y Montonera

En esta entrega quiero recordar la epopeya de los caudillos alto peruanos y sus montoneras gauchas que defendieron la frontera norte durante la guerra de la independencia, época pletórica de elementos anecdóticos referidos al patriotismo de las masas populares constituidas por indios y gauchos henchidos de entusiasmo y temeridad.

Entre ellos quiero destacar la figura heroica de Doña Juana Azurduy, esposa de Manuel Asencio Padilla con quien derrochó coraje y amor por su patria, a tal punto que el General Belgrano hizo conceder el grado de Teniente Coronel en razón al indecible valor desarrollado en la acción armada de Villar en Julio de 1816 donde ella misma arrancó de las manos del abanderado español el símbolo de las fuerzas Realistas para entregársela luego al propio Belgrano. Siguió peleando junto a Padilla hasta que tuvieron que replegarse a San Julián.
Pezuela envió refuerzos sobre Chuquisaca y su comandante Las Heras resolvió escarmentar a Padilla marchando contra él con dos batallones y un escuadrón.
Juana Azurduy cubrió el a la izquierda de la montonera de Padilla y otros jefes habían sido ubicados hábilmente para anular la acción de los españoles; el 3 de Marzo de 1816 se iniciaron los choques entre ambas fuerzas y las acciones ininterrumpidas se prolongaron hasta el día 28. Todo el refuerzo que había enviado Pezuela, al mando del mayor Pedro La Herrera, fue muerto a palos por los montoneros que peleaban con chuzas, piedras y flechas indias.
Desde Potosí envió Pezuela nuevas fuerzas mandadas por el General Tacón, quien asoló aldeas
indefensas, degollando a sus habitantes. El prestigio de Padilla creció en proporción a las inútiles crueldades de Tacón y el caudillo engrosaba sus filas con indios y paisanos, logrando mantener en jaque a Chuquisaca y dominar los aledaños.
En setiembre de 1816 convencidos los realistas de que una acción decisiva contra de los montoneros los liberaría de ese peligro, inició La Herrera una operación tenaza. Los días 13 y 14 de setiembre se combatió a con denuedo y en un momento el coronel Aguilera -realista- enfrentó a Padilla y lo derribó de un tiro de pistola, enseguida ordenó a uno de sus tenientes, el padre Mariano Suárez Polanco, que le diera la absolucón y sin mas degolló a Padilla y llevó la cabeza para clavarla en una pica en la localidad de La Laguna.
También fue degollada una mujer que acompañaba a Juana Azurday y en la creencia de que se trataba de ésta, el Virrey peruano mando a acuñar medallas conmemorativas a quienes intervinieron en el episodio.
A la muerte de Padilla y por resolución de sus partidarios, encabezados por Juana Zurday, el mando de la montonera queda en manos de Jacinto Cueto. La bella y valiente esposa del caudillo decapitado se retiró a Tarija, en donde Uriondo, otro montonero la recibió con todos los honores y de allí paso a Salta hasta que termino la guerra de Ayacucho.
Las montoneras continuaron su obra emancipadora a pesar de la muerte de jefes como el doctor Lldefonso Muñecas, el indio Vicente Camargo o Ignacio Warnes, el heroico defensor de Santa Cruz de la Sierra. Tras la muerte de estos caudillos se sucedieron venganzas terribles, fueron incendiadas aldeas enteras, y degollados miles de habitantes por mera presunción de colaboradores en la causa emancipadora.
Sería muy largo el nombrar a todos los valientes que comandaron la guerra gaucha , pero voy a terminar estas lineas poniendo como escenario la Quebrada de Humahuaca donde se destacó el General Gregorio Aráoz de La Madrid con sus tenientes, los caudillos Uriondo, Rojas, Arias. Este ultimo sobre todo en la defensa de Tilcara cuando la invasión de Olañeta el general realista que admirado de valor y hasta compadecido del estado de los gauchos, lo invitó a pasarse a sus fila. Arias le respondió con fusilazo y una expresión terminante: “Nadie se pasa aunque estemos en pelotas”. De Tilcara al sur nada podían hacer las fuerzas del Virrey Pezuela; la Frontera norte de la actual República Argentina tenía en Güemes y sus montoneros gauchos la mejor garantía de seguridad.

Ernesto Renzi (*)

Marzo de 1994

(*) Ernesto Renzi fue colaborador de la Revista La Puerta en sus inicios. Un ser entrañable, apasionado por la pintura, el tango y la historia. Lamentablemente en setiembre de este año, falleció. Sin embargo hemos rescatado del archivo de la revista algunas notas de historia -totalmente atemporales- que publicó entre 1993 y 1996 y que fueron seleccionadas para ser publicadas aquí a manera de tributo y homenaje.

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