Anarchicas

El 25 de noviembre de 1960, en el municipio de Salcedo, Republica Dominicana, fueron asfixiadas a punta de pañuelo las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal bajo las órdenes del generalísimo y jefe de estado Rafael Trujillo. Siendo una gran amenaza para el régimen del dictador, éste decide idear un plan macabro liderado por otro militar no menos cabrón que Trujillo, el teniente Víctor Alicino Peña Rivera, para terminar con la vida las mujeres entrometidas creyendo así silenciarlas al olvido. Hoy día la provincia se conoce como Hermanas Mirabal.
Treinta y siete años atrás y sin que las mujeres tengan derecho al voto y al habla, la monja roja del Mayab, Elvia Carrio Puerto fue electa como diputada del congreso de Yucatán en México. En 1953, un año después de que la Monja fuera reconocida como veterana de la revolución mexicana, se otorgó la igualdad total de derecho político a las mujeres Mexicana, luego de treinta años de militancia de la muchacha Elvia.
Un año después y en el mismo país muere de un ataque cardiaco Hermila Galindo. Ya en el año 1916 Hermilia señala a la religión como la doctrina culpable de la ignorancia sexual en la sociedad y reclama la necesidad de igualdad de género incluyendo sus derechos sexuales. Tambien había luchado para ese entonces contra el gobierno de facto de Victoriano Huerta creando varios clubes revolucionarios a sus quince años edad. Hermilia se hacia sus propias minifaldas, al igual que su compatriota, la pintora y poeta Carmen Mondragon, mucho antes de que la diseñadora británica Mary Cuat, en el año 1965 y luego de inspirarse en un auto mini, haya creado dicha prenda.
A sus catorce años de edad la muchacha Apolonia Policarpia Salvatierra formo parte del grito de la independencia en 1810, en Colombia. Le decían La Pola, por razones obvias. Costurera y guerrillera fue espia de las fuerzas independentistas criollas del ejercito de los Llanos que aguantaban la bronca durante la reconquista española. Corria el año 1817 cuando, en Bogota, fue capturada y posteriormente condenada al fusilamiento por el consejo de guerra. Por ser mujer en esos tiempos su cuerpo no fue exhibido en las calles de la ciudad. Los mismos sacerdotes que la custodiaron en el fusilamiento reclamaron sus restos. Hoy dia existe un monumento en la Candelaria, al centro de Bogota, de la Pola sentada y atada de sus manos.
Cuentan los que inventan que mientras Simon Bolivar se escurría por la ventana, la muchacha Manuela Saenz Aizpuru hizo frente a la emboscada que pretendía asesinar al libertador. Desde entonces se la conoce como la libertadora del libertador.
En el año 1977 Maria Eugenia Casinelli y once señoras más comenzaron a girar en torno a la plaza de mayo de la capital federal en mi país. Con un clavo en sus manos se identificaban entre ellas. Las locas de plaza de mayo le hicieron frente a la dictadura argentina más sangrienta y macabra. Hoy dia siguen apareciendo identidades nuevas, pero para ese entonces Maria Eugenia, consuegra del escritor Juan Gelma, ya hacía referencia en ese años de la existencia de desapariciones de bebes en una carta dirigida a la justicia del partido de Moron.
Un año antes, en la calle Corro al 105 se abrió fuego al combate de Villa Luro. La noche anterior Maria Victoria Walsh, hija de otro escritor, festejaba su cumpleaños número veintiséis. La madrugada siguiente y luego de que su hija fuera secuestrada, decide, revolver en mano, quitarse la vida delante los oficiales desde la terraza de la vivienda junto con su compañero. Antes de darse en la sien dispara palabras a los soldados “ustedes no me matan, yo decido cuando morir”. Muy lejos de la película de Hector Olivera, Victoria era montonera a mano armada y luchó contra el golpe de estado del teniente general Videla.
Un año después y seis días antes de que las madres comiencen a caminar, Rodolfo, padre de Victoria termina su última obra, una carta abierta de un escritor a la junta militar. Al dia siguiente muere acribillado.
Corría el 28 de octubre del año 1990 cuando Alicia Beatriz Garcia, mi madre, fue partera de su propio parto al dar a luz a mi hermana, Debora Daiana Acttis, en un descuido de los profesionales. Desde entonces y hasta hoy estas dos mujeres, valientes por naturaleza, encandilan los días de mi vida.

Rodrigo Gaspar Acttis

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