Las Torres del Olvido. Una advertencia en forma de novela

Una de las ramas más difíciles de la Ciencia-Ficción es la que se conoce como Near Future: la exploración del futuro cercano. Y es que, a la hora de las predicciones, resulta más riesgoso imaginar lo que ocurrirá dentro de una década que dentro de un milenio. George Turner destaca en este subgénero y la novela que nos ocupa es una de sus obras más reconocidas.

Quizá el mayor acierto sea la forma que elige para contarla. Inicialmente, los protagonistas son un actor que quiere escribir una obra sobre Las Gentes del Invernadero, sus antepasados y nuestros bisnietos y una historiadora, quién le ofrece una obra de ficción ambientada en esos tiempos y basada en hechos reales (o más bien en reconstrucciones históricas) titulada El Mar y Verano. Es esta novela la que compone el grueso del libro y la que leeremos en realidad. Ficción dentro de la ficción.
El Mar y Verano está narrada en una «primera persona comunal». Cada capítulo lleva por título el nombre de un protagonista y un año o rango de años (entre el 2041 y el 2061). Y los hechos que transcurren en ese período de tiempo son descriptos por dicho protagonista, en primera persona. En principio no lograba entender porque esa forma de escribir me resultaba tan impactante… pensaba «¿Qué diferencia hay si el que habla sobre Billy es Billy, Nick o un narrador omnisciente? En última instancia, todas las voces son la voz del autor». Pero es que Las Torres del Olvido logró que dejara de pensar que estaba leyendo una ficción. Cada personaje tiene su propia voz, su propia personalidad que se va formando a medida que sus vidas avanzan junto con la trama. Los vi cambiar, evolucionar, transformarse ante mis ojos y los de sus compañeros. Están tan vivos, que logran convencerme de que lo que piensa Nick sobre Billy no es exactamente lo que Billy es. Ni tampoco lo es lo que el propio Billy piensa. O lo que yo pienso.
Las Gentes del Invernadero viven en una época en que el calentamiento global ha producido el derretimiento de los casquetes polares y las inundaciones resultantes redujeron la superficie habitable y cultivable del mundo con el consiguiente colapso de la economía. La sociedad está tan estratificada que solo existen dos clases sociales: los infra y los supra, con apenas una franja en medio, conocida como “la periferia”. La periferia está compuesta por los supra caídos en desgracia, que han logrado postergar por un (breve) tiempo su inevitable descenso hacia el nivel infra. Esos son los tres ejes distópicos de la novela: desastre ecológico, desastre económico y desastre social. Alrededor de estos tres ejes giran los engranajes de la inevitabilidad. Impera el sentimiento de que no se invirtieron recursos para paliar el desastre a tiempo y ahora ya no hay tiempo ni recursos para paliar el desastre. La suerte está echada para la Humanidad.
Los infra sobreviven gracias a la caridad de un estado en bancarrota, que ha renunciado a proveerles algo más que subsistencia apenas básica. Tienen el mínimo alimento necesario para no perecer, se reproducen prolíficamente y viven una vida carente de objetivos, sin atención sanitaria, higiene ni educación. Las constantes inundaciones invaden periódicamente los pisos inferiores de las gigantescas torres en las que se los hacina. Cada uno de estos enclaves es una auténtica tribu, comandada por un Jefe de Torre, mezcla de capomafia, caudillo, patriarca y dictador.
Los supra son los afortunados trabajadores calificados, sometidos al constante temor de que sus empleos sean convertidos en obsoletos por la creciente automatización y la pauperización de la economía. Este miedo a verse rebajados a la categoría de periferia (apenas un purgatorio temporal, antesala del infierno infra) los atenaza constantemente y exacerba el odio de clase hacia quienes consideran apenas más que animales inútiles, viciosos y depredadores de los magros recursos del estado. Mientras, el Triv, la televisión de la época justifica este odio y los educa en la creencia de que viven en “El País Afortunado”.
En la cúspide de la pirámide, se encuentran los Ultra, la casta gobernante. Reclutados por el Estado a través de exámenes de aptitud, son las mejores mentes del país (que, dicho sea de paso, es Australia, tierra natal del autor).
Los auténticos protagonistas del relato son Billy Goat (Macho Cabrío) Kovacs, Jefe de la Torre 23 y la familia Conway, Supras caídos en desgracia que van a parar a sus dominios. Billy es un patán, un ignorante, un asesino, un ladrón y un corrupto. Billy es un líder, que defiende a su comodidad y pelea por ella, dolorosamente consciente de su falta de educación, que trata de compensar a pura fuerza de voluntad. Billy es capaz de torturar brutalmente a un hombre. Billy es capaz de llorar por haber cometido tamaña aberración. En esta historia sin arquetipos, sin malos tajantemente malos ni buenos impolutamente buenos, Billy es un hombre. En ese mundo que marcha hacia el abismo, él, igual que cada uno de los protagonistas, hace lo que cree necesario para su supervivencia y la de los suyos.
Por supuesto, hay un final feliz a mano: recuerden que la historia está contada por miembros de una generación posterior, pero no es tan feliz ni tan final como muchos que he leído. Hay quienes podrían tildar a la historia de panfletaria. Sus páginas rebosan de posiciones políticas, pero yo no veo eso como una contra sino más bien como un aliciente para su lectura. Para mí, Las Torres del Olvido es una historia sobre lo que puede pasarnos y sobre todo lo que estamos haciendo para no evitarlo.
J.Farías

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