Tejer con otros hilos

Aterrizamos en este mundo esperando que alguien nos reciba.
Venimos a este mundo siendo chiquitos y muy frágiles, buscando amarrarnos a la vida.
Abrimos los ojitos apenas y empezamos a ver. Nos enseñan a comer, nos enseñan palabras, juegos, abrazos. Amor. Dolor.
El tejido se va formando, poco a poco. Lo vamos aprendiendo. Lo vamos descubriendo. El mundo ofrecido y enseñado se instala en nuestros pensamientos y se expresa en nuestras prácticas. Creemos que es el único posible porque es lo único que conocemos. El universo se nos presenta sumamente pequeño, casi en miniatura.
De pronto el tejido formado comienza a resquebrajarse. Los sueños que se escapan, los deseos que se reprimen, lo que no puede ser, los que se van. El otro que me interpela. Yo que me desconozco. Los agujeros en el tejido se agrandan. Los remiendos se rompen. Desesperados intentamos tapar los huecos. Buscamos y buscamos sin saber. Algo que nos amarre, algo que nos evite la caída. Nos falta el aire y sentimos que nos asfixiamos. Damos vueltas y vueltas en círculos.
“Quizás ha llegado el momento de tejer con otros hilos”, dijo. “Tu tejido se rompe porque estás tejiendo con hilos gastados, viejos. Tu tejido se rompe porque es necesario que aprendas otros modos de tejer”.
De pronto, el universo se revela. La mirada se amplía. Reconocemos que los hilos pueden entramarse de diversas formas y que los tejidos pueden ser infinitos.
Los agujeros son la huella de los moldes rotos. Podemos hundirnos en ellos buscando lo que desapareció o salir en búsqueda de nuevos hilos para entramarnos de otro modo y volver a tejer nuestro mundo.

María Noel Vernizzi

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