El negocio de la fe

Paulo Cesar Silva me lo contó casi como un secreto a la salida de un local en Recifes, ciudad mestiza y turbia al norte de Brasil. El buen hombre repartía estampitas de Jesús y compañía a precios accesibles. Vivía en situación de calle aunque sostenía que la calle vivía en situación de el. Yo pitaba un charuto armado a mano que entre palabra se apagaba por la humedad del tabaco que se consigue por la zona. Paulo caminaba los cincuenta años y detrás de su bondad a primera vista se escondía una vida de malaria que me comento en su carta de presentación antes de ofrecerme las figuritas del manda más: Había sido abandonado en las afueras de la ciudad porque a su padre no le agradaban los negros.
– Um charuto me convida ? – Pregunto el vendedor ambulante luego de fracasar con su venta. Accedi al pedido y mientras armaba el cigarro me disculpe argumentando que no creía en dios pero mas gusto me daba convidarle el vicio – Eu nao acho que – respondió en su lengua aunque bien entendía el castellano,a lo que luego confesó : -Mas deus vende e muito –
En lo que duró el cigarro Paulo me contó que en su juventud solía armar charutos a mano. Mencionó que Maradona es mejor jugador que Pele y que su padre antes de dejarlo en medio de la nada le aconsejó – Vai com Deus –
Recordó también a la pasada que su padre era negro y sacerdote. Complejos detalles en las historias de personas simples.

Rodrigo Acttis

Spread the love
  • 2
  •  
  •  
  •  
  •  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *