El Riguroso

Aquel hombre tenía como actividad adicional a su profesión de zapatero la de Arbitro de Fútbol; esta difícil tarea de impartir justicia en encuentros deportivos amateur había comenzado luego de que por una importante lesión en su rodilla derecha se viera obligado a dejar la prácticar el juego del balón pie.
Su experiencia como ex jugador le concedía la posibilidad de dirigir con buen criterio el desarrollo de los partidos, pero al momento de sancionar cualquier falta por lo general era muy riguroso.
En cierta oportunidad el réferi se vió envuelto en una situación más que comprometida pues en uno de los equipos que competían jugaba uno de sus hijos,, esto no le resultaba nada cómodo pero no se dejaría condicionar – así se lo prometió íntimamente-.
El joven descendiente del árbitro se mostraba muy hábil al momento de dominar el balón, en una de las jugadas en que intervino fue violentamente interceptado por un defensor contrario lo que motivó que el habilidoso se incorporara rápidamente y reaccionara de muy mala manera lo que le mereció Tarjeta Amarilla, ante esta situación increpó al árbitro quien sin titubeo le sacó la Tarjeta Roja, mientras le decía “se me va de la cancha… y de casa también” demostrando una vez más lo riguroso que podía llegar a ser.

Julio R. Zeballos

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