“Deberías aprender a aceptar”

Me lo dijo así de golpe, casi retándome o casi queriéndome. “Te lo digo por tu propio bien”, agregó. Y me abrazó. Siempre me gustaron los abrazos pero hay abrazos que confunden. No se sabe si están hechos de amor, de compasión, lástima, belleza o si están hechos de puro espanto.
Yo no quiero aceptar nada, pensé y pienso. Yo me niego a aceptar. Yo me rebelo. Mis pensamientos, mi sangre, mi cuerpo, mis huesos, mis entrañas, mi historia, se rebelan.
Yo entera me rebelo. Me rebelo contra lo inaceptable. Me rebelo contra la injusticia, contra la desigualdad. Me rebelo contra el egoísmo. Me rebelo contra la naturalización de lo que nunca será natural. Me rebelo contra la violencia de la imposición. Me rebelo contra el fatalismo que inmoviliza. Me rebelo contra el hambre que duele en la panza y en el alma. Me rebelo contra el avasallamiento de los derechos. Me rebelo contra la imposibilidad de soñar.
Me rebelo contra la aceptación pasiva. Me rebelo contra la palabra vacía. Me rebelo contra las formas falsas del supuesto éxito.
Me rebelo contra todo lo que impide y me impide ser. Me rebelo contra mí misma, si es necesario. Pero no, nunca aceptaré lo inaceptable. Me rebelo y me rebelaré siempre contra eso, aún si tengo que renunciar a ciertos abrazos confusos o por “mi propio bien”.

Maria Noel Vernizzi

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