Pedime lo que quieras

 

 

Mil intentos y un invento…

Hace poco tiempo atrás, recorriendo un shopping de la ciudad de Rosario, encontré en uno de sus locales, un libro muy recomendable, que supe apreciar mucho y que tristemente sufrió una marcada desintegración a causa de su mala encuadernación: se trata de “Dédalo, tecnología y ética”, de Héctor Ciapuscio, interesante trabajo de Filosofía moderna y contemporánea, estructurado a partir de notas, datos, estadísticas, personajes, política y demás.
En su páginas, dedica una importante cita a quien, además, forma parte del título del libro, Dédalo. Arquitecto griego, hijo de Eupálamo, construyó entre otras cosas, ni más ni menos que el laberinto que el mismísimo rey Minos le encargó, para encerrar al peligroso Minotauro, quien fuera fruto de la prohibida relación de su esposa, con un toro…
La labor emprendida por el gran constructor fue ciclópea, y la obra terminada dejó más que satisfecho al engañado monarca. Lo que sigue es historia conocida, o, seguramente, será alimento de otro artículo, junto a otros personajes que completan el mito, tales como Ariadna e Icaro, por ejemplo.
Pero quisiera detenerme en la figura del gran gran albañil, carpintero y mecánico Dédalo, quien representó de manera magistral los deseos del Rey; la construcción que éste imaginó envuelto en una tremenda tormenta de ira, logró desarrollarla a la perfección. Evidentemente, la lógica de funcionamiento del hábil empleado estaba cimentada , en la capacidad de convertir en algo posible los anhelos de los demás. Esta idea, viene entonces a reivindicar a todos aquellos que tienen el don de interpretar los deseos del otro, los que logran construir con dedicación y empeño lo que los demás imaginan, sin necesidad de reclamar derechos de autor.
Se trata entonces de resaltar la figura del que hace, realiza, concreta y satisface deseos ajenos, pero sintiendo un profundo placer a partir del trabajo cumplido, de la satisfacción de su mecenas…
Ahora bien, pensemos en algunos ámbitos en que esta práctica parece ser efectiva…
En el campo doméstico, por supuesto; ideal un esposo con pasado de Escuela Industrial, nos encontramos frente al Dédalo de los sábados por la mañana, aquel que “saquea” la ferretería del barrio en busca de cemento rápido, clavos, tarugos y pintura impermeabilizante … bien por él!
En el campo laboral ni hablar, en términos estrictamente capitalistas, y apoyados en el concepto de eficacia, podríamos inferir que el empleado perfecto es aquel que interpreta las consignas oportunamente impartidas por la superioridad, sin necesidad de ser repetidas, concretándolas luego tal cual fueron imaginadas originalmente por su responsable a cargo.
En el campo deportivo… ideal; el jugador del equipo que, por supuesto, interpreta a la perfección y desarrolla en el campo de juego, la idea que el conductor, el responsable imaginó previamente.
En el campo amoroso…posiblemente sea en el ámbito donde este tipo de trabajador es más reconocido…a veces no alcanza con imaginar, se necesita de forma imprescindible alguien que concrete esas fantasías convirtiéndolas en propias…
Dédalo, el ícono del laburante todo terreno?

Marcelo Claudio Pasalagua

Spread the love
  • 2
  •  
  •  
  •  
  •  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *