Noche de verano

Cae la tarde, el luminoso sol ya entrecierra sus ojos dorados, invitando a la noche a acercarse y con ella aparecen las brillantes estrellas… llegan a mis oídos el croar de las ranas en el zanjón, las luciérnagas como pequeños farolitos que se encienden y se apagan, iluminando la tranquila noche.
Voy caminando por la acera despareja hasta llegar a la plaza que se encuentra desierta, desde aquí se huele el perfume de los rosales. A unos metros un perrito cruza presuroso la calle rumbo a su hogar.
La escuelita está cerrada y silenciosa, es enero, estamos en vacaciones, por un tiempo no se oirán las risas de los niños por ese gran patio… levanto la mirada, veo las luces de todas las ventanas, me parecen ojos semidormidos que miran hacia afuera… Detengo mi marcha, me inclino sentándome en el viejo banco… ¡Cuantas cosas me dice su silencio!
El supo de palabras dulces de los enamorados, de recuerdos idos de dos jubilados, de una pena de amor, de alguien que lo dio todo y le pagaron con olvido, de un llanto amargo por la pérdida de un ser querido, de cuadernos de estudiantes preparando un examen, de las broncas de un niño que perdió su juguete, tal vez, de la felicidad de un encuentro de dos amigos que después de muchos años se vuelven a abrazar.
Tantas palabras mudas he escuchado. Me levanto pesadamente, comienzo el camino de regreso, de repente, las estrellas se han cubierto por densas nubes, el cielo amenaza lluvia, apresuro mi paso, comienzan a caer las primeras gotas frías sobre mis espaldas, siento como un escalofrío, es que me ha embargado una emoción inexplicable… tan inexplicable como esta noche de verano.

Irma Ana Torelli

Spread the love
  • 5
  •  
  •  
  •  
  •  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *