El poeta de la costa

La Ruta provincial Nº 1 conocida como “la ruta de la costa”; nace en La Guardia (original puesto de control del Brigadier Estanislao López), y pasa por Colastiné norte, San José del Rincón, Santa Rosa de Calchines, la histórica Cayastá, Colonia Campo Del Medio; Helvecia, El Laurel, Saladero Cabal, Colonia Mascías, Colonia San Joaquín y San Javier. A partir de allí, la Ruta 1 prosigue su trayectoria hacia Romang y hasta su finalización en Reconquista, completando un trayecto que en total suma 300 kilómetros de un bucólico panorama.
Conociendo esa región en la que desde Reconquista se sigue hacia el norte por la Ruta 11, me siento tentado de hablar de Avellaneda, Las garzas, Villa Ocampo, Tacuarendí, San Antonio de Obligado, Las Toscas, El rabón y Florencia. Más al oeste se hallan La Gallareta, Tartagal, Villa Ana, el paisaje subtropical sobre el río Los Amores y la legendaria Villa Guillermina, lugares de la Cuña Boscosa que guardan memoria de los vastos quebrachales y de La Forestal; la compañía maderera que dejó una triste impronta en el Chaco Santafesino. Pero haré ese comentario tal vez en otra oportunidad porque ahora quiero referirme a otro tema. Es que nombrando a San Javier, ciudad del noreste de la provincia, situada a orillas del río del mismo nombre que es un brazo del Paraná, viene a la memoria la evocación de Don Julio Bruno Migno Parera.
Es que no se completa la historia de la poesía regional de Santa Fe, si no se menciona a este hombre que fuera llamado “el poeta de la costa”, oriundo de San Javier precisamente.
Julio Migno escribió varios libros donde volcó todo el sentir que le dictó el paisaje litoraleño; ese de río, lagunas, pescadores, juncales, irupés, esteros, patos, yacarés, carpinchos; pájaros, sábalos, bogas y dorados. Un sentir que no se agotaba en el paisaje, sino que se extendía a la gente sufrida de piel morena; mujeres, hombres y chicos de ancestros mocovíes, sinónimos de sacrificio, injusticia y pobreza.
Sus poesías más conocidas son “Si tenés cachorro”; “¡Qué tendrás pago!”; “A mi tierra San Javier” y “El hondazo”.
La vida de este poeta sanjavierino que había nacido en 1915, se extinguió el domingo 5 de diciembre de 1993 en el Hospital Piloto de la Capital de nuestra provincia, y ahora estará, como dice Orlando Veracruz, escribiendo poesías en alguna estrella; y recordando canciones como “Punta Cayastá” y “Chasque para la costa”, que hizo con música del propio Orlando Veracruz, y “Costera mi costerita”, compuesta con la colaboración de Rubén Del Solar.
Tal vez continúe escribiendo poesías para que las lea Dios; poesías que, seguramente, seguirán cantando al hombre del río, a los arrozales de la zona, a los pájaros de la isla; a la gente de la costa y a su San Javier natal; el lugar que fue reducción de aborígenes mocovíes, y que cambió su emplazamiento cinco veces hasta su localización actual a 155 kilómetros al norte de la ciudad de Santa Fe. A su San Javier; lugar que fue testigo del “último malón” en 1904.
Don Julio Migno: su persona es pasado; su obra es ayer, hoy y siempre.
En la galopa “Canto islero”, compuesta por Mordini, Mehaudi y Frutos, Julio Migno es mencionado, aunque muy brevemente.
“Canto islero” se convirtió en un suceso en la voz de la recordada María Elena; aquella muchacha que en tierra correntina, en las cercanías de Santo Tomé y en el verano de 1969, se fuera tal vez a la misma estrella donde habita el “poeta de la costa”.
Como decía, la vida de Julio Migno se extinguió un diciembre. Diciembre: donde nace el verano y en el que conmemoramos la milenaria Navidad a cuyo influjo, afloran los más nobles sentimientos que encierra la naturaleza humana, iluminada por la luz del pesebre con la tierna figura del Niño Dios y la imagen de la bella, virginal y milagrosa María. Diciembre: que nos trajo el color dorado del trigo que en cada espiga tiene una promesa de pan, y el aroma de la sidra, el pan dulce y el vino para el brindis fraternal.
Este mes que está levantando los anuales pañuelos del adiós, adorna sus días con despedidas, tarjetas, regalos, fuegos de artificio, la voz grave de Papá Noel, y avanza velozmente hacia las doce campanadas que en la noche del 31, dirán que comienza un nuevo capítulo en la cronología universal. En estos últimos destellos del año, deseo un ¡muy lindo fin de 2018! y un ¡venturoso 2019! a los propietarios y al staff de EL PUENTE WEB.COM; a sus familiares; a quienes escriben en este SITIO y a los amables ciberlectores.

Edgardo Urraco

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