Todo cede

Misógino fortuito
en busca del destino,
desplegando sus alas plateadas
arrebatadas por el óxido
y carcomidas por el odio…
Vuela, planea alto cerca del sol,
que el reflejo de esas plumas
en sus pequeñas partes relucientes
te enceguezcan la mirada,
que el fulgor de su sabiduría
te envuelva el corazón,
que como el amianto
ha sabido perdurar en el tiempo
sin una sensación de calor.
Pero todo cede,
incluso tu coraza de acero.
Abrigará tu alma
un límpido aroma a ríos y mares,
a montañas y llanuras;
y descenderás tras la metamorfosis
que tanto anhelabas
aún sin saberlo.

Yanina Barzetti

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