Los Granaderos. El origen de un nombre

Hace años, para las fiestas patrias, se realizaban grandes desfiles militares.
Uno de los momentos más esperados por el público, era el del paso marcial del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín al que pertenecía la “Fanfarria Alto Perú”, cuyos soldados, montados en caballos blancos y ejecutando resplandecientes instrumentos de bronce, desgranaban las notas armoniosas y vibrantes de diferentes marchas. El Cuerpo salía gallardamente desde el Cuartel de Palermo (declarado Monumento Histórico Nacional) con domicilio en la Avenida Luis María Campos 554, que sigue siendo el asentamiento de la Unidad.
Actualmente “La Fanfarria” continúa aportando su presencia estética y musical, cuando es convocada a diversas celebraciones y conmemoraciones patrióticas.
Desde que fue creado en 1812 por el Teniente Coronel José de San Martín, hasta la batalla de Ayacucho (Perú) en 1824, comandada por el militar venezolano Antonio José de Sucre, el Regimiento de Granaderos a Caballo estuvo al servicio de la emancipación iberoamericana. San Martín finalizó su acción guerrera en julio de 1822 tras la célebre entrevista con Bolívar en Guayaquil; y a partir de ese histórico momento, aunque ya bajo el mando de Bolívar, dicho Regimiento siguió luchando para que culminara exitosamente la epopeya libertadora de la América española en el sur del continente. Los Granaderos que tuvieron su bautismo de fuego el 3 de febrero de 1813 en el Combate de San Lorenzo; desde la enigmática reunión en Guayaquil, acompañaron al “Padre de la Patria” hasta su retiro político-militar ocurrido el 20 de setiembre de 1822 en Lima. Desde ese día San Martín dejó de ser el jefe del ejército emancipador; pero las alas de su figura rectora siguieron cubriendo, como las del cóndor majestuoso de los Andes, el espíritu libertario de los Granaderos. Después de Ayacucho, comenzaron a regresar a nuestra patria, los Granaderos argentinos que habían subsistido en la lucha que tiñó de sangre criolla y española los campos de aquellos pueblos trascordilleranos. Lejos, atrapados por el despertar de una pesadilla, habían quedado los sonidos dramáticos de los cañones, los chasquidos de los sables, el repiqueteo de los caballos y el destino tibio y rojo de las bayonetas.
Los hombres que pudieron volver y celebrar el milagro del retorno, se reunieron por fin con sus madres, con sus hijos, con sus novias, con el recuerdo de quien no pudo esperarlos…
Uno de esos sobrevivientes, al decir del escritor mendocino Julio Quintanilla, le entregó una rosa a su amada como un símbolo de las batallas, como el rosal de las victorias. En 1826, al mando del Coronel José Félix Bogado, regresaron a Buenos Aires seis Granaderos que lucharon el 3 de febrero de 1813 en San Lorenzo, y que participaron en toda la campaña libertadora. Con ellos también llegaron otros que se incorporaron en diferentes etapas. Fueron ignorados por la administración de Rivadavia, lo que constituyó una injusticia que la Historia Argentina registró en sus anales.
En 1903 el Regimiento fue recreado por iniciativa del General Pablo Riccheri (oriundo de San Lorenzo), que por entonces era Ministro de Guerra del presidente Julio A. Roca; y desde 1907 (por gestión del gobierno de Figueroa Alcorta), cumple funciones
protocolares como por ejemplo, hacer guardia en la Casa Rosada y en el Palacio San Martín situado en Retiro (Buenos Aires).
Durante algunos años fui los domingos a presenciar el emocionante arrío de la bandera que, a las 17 h, hacían dos Granaderos en el “Campo de la Gloria”. La enseña azul y blanca flameaba en el mástil del monumento Alas de la Gloria, levantado frente al
bulevar Sargento Cabral al 1500. Una vez arriada, uno de los Granaderos la replegaba prolijamente dejando siempre el sol hacia arriba. Luego, con gallardo paso, cruzaba el bulevar y la llevaba hasta el Museo Histórico del Convento San Carlos Borromeo, dando fin al emotivo ritual que se efectuaba todas las tardes (excepto los lunes).
Turistas y residentes guardaban en cámaras fotográficas y filmadoras, esos instantes que, no obstante la frivolidad y violencia de estos últimos tiempos, despertaban la sensibilidad en muchos corazones. No sé si todavía se realiza esa tocante ceremonia; espero que así sea como un homenaje a nuestra bandera, al combate de San Lorenzo y a “los bravos Granaderos”; tal como los llamó el recordado poeta Hilario Cuadros, nacido en Guaymallén, Mendoza. No se puede hablar de ellos sin mencionar a los guaraníes, a los cuyanos; al correntino (de Saladas) Juan Bautista Cabral; al capitán uruguayo Justo Germán Bermúdez, al teniente porteño Manuel Díaz Vélez y al puntano Juan Bautista Baigorria.
Merecen asimismo una sentida evocación, todos los que desde diferentes lugares de Argentina Chile y Perú, no dudaron en integrarse al Cuerpo de Granaderos a Caballo; y corresponde hacerla extensiva a los europeos que revistaron en el Ejército de los Andes.
En el monumento Alas de la Gloria, hay dieciséis mástiles que representan a los fallecidos por el combate que cada 3 de febrero, enciende la respetuosa memoria por los caídos en el Campo de la Gloria.
Además, nueve prismas rectos de cemento, señalan dónde nacieron los Granaderos que ofrendaron allí sus vidas a la cruzada independentista.
Ahora bien; al margen de nuestra historia ¿qué significa la palabra granaderos?
Tiene su origen en los soldados franceses que en 1667 fueron instruidos para arrojar granadas que en número de doce, llevaban en una bolsa llamada “granadera”.
Si usted (igual que yo), no conocía este detalle militar, ahora sabe por qué se llaman granaderos, los Granaderos.

Edgardo Urraco

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