Pagana

Quiero ser tus aullidos, en el invierno más terrible,
quiero ser lo más delicado y salvaje para ti,
tu metal, tu madera, tu roca.
Ser las altas fogatas de las colinas,
quiero perderme en tus montes sin luna,
y que tú, solo tú me encuentres.
Entregarme a la furia de tu tormenta,
vagar por tu desierto sin nombre,
olvidar a los humanos y su mundo de miseria y avidez.
Que tus criaturas nocturnas me acompañen en mi danza,
desnudas en el círculo infinito,
vagar por Cártago, Roma, Arcadia.
Levantar tus altares sangrantes de la tierra negra,
entre estruendos de destrucción que devoran la muerte
y alumbran tu nueva primavera.
Ser el brillo de tus ojos animales,
que ansían el viento frío de la noche profunda,
soñar con tus estrellas polares girando.
como esvásticas sobre mi cabeza ardiente,
elevar mis manos en oraciones bárbaras,
mi corazón en llamas entre tus bosques incandescentes.
Levantando montañas, cavando océanos,
desplegando mis alas sobre esta frágil tierra gris.
Sobre estas iglesias, estos templos, palacios congresos, senados,
institutos, colegios, departamentos, calles, avenidas, que
encadenan mi pensamiento.
Jamás entregaré mi alma a sus cárceles de sombras.
El ramaje cubre tus secretos
Oh mi Diosa de nácar y ámbar,
yo reuniré tus bayas y raíces
y haré contigo mi alimento.

Ara, luna en capricornio

Aradia de Salem

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