Desdichados.

Un verso para el desdichado

sentado

mirando como la suerte

cambia de bando.

Un verso para el anciano olvidado

por aquellos a quienes alimentó

curtiendose las manos.

Un verso para el niño descalzo

que presencia un berrinche

del niño rico

que no sabe qué calzado elegir.

Un verso para la sometida

la cual lucha

para cortar los hilos que la manejan.

Un verso para el cantor

que regala melodías

a los que los corre la rutina

y las tiran a la basura.

Un verso para el suicida

quien espera que lo tomen de la mano

y le regalen un trébol de 4 hojas.

Un verso para el enfermo

que lucha una guerra perdida

pero aún así lucha.

Un verso para el loco

para que siga bailando bajo la lluvia

la simple melodía

que el mortal no escucha.

Mi poema se forma

con las lágrimas

de quien no eligió

la tormenta que lo acecha.

Mi poema está escrito

con las manos llenas de sangre

de aquellos corazones

que aún bombean esperanza.

A mi poema lo recitan

las voces que al cielo proclaman

una tregua,

un suspiro.

Mi poema es de los desdichados

a los que la sociedad etiqueta

como la escoria de la realidad.

Para todos ellos,

una parte de mi poema,

una parte de mí.

Gabriela Requino

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