Autoestima: Los cimientos de la casa

“Mi padre me hizo el mejor regalo que se puede hacer a un hijo. Creyó en mí”. Jim Valvano.

Es muy importante como adultos (papás, educadores, abuelos, tíos) reflexionar acerca de los “mensajes” que les transmitimos a los niños que tenemos alrededor.
Cada papá y mamá es un ESPEJO en donde los hijos se ven reflejados. Cada espejo le devuelve al niño una imagen… “soy bueno”, “soy capaz”, “soy un tonto”, “soy una molestia”, “soy fuerte”, “soy querido”, “soy un llorón”, etc.
Cada espejo va a crear en cada niño creencias firmes sobre ellos mismos y el mundo. Serían algo así como anteojos con los cuales nuestros hijos verán la vida… “Depende, ¿de qué depende? Según cómo se mire todo depende”.
Si el niño cuenta con estímulos adecuados, papás afectuosos, su autoestima será buena. En caso contrario, la visión de sí mismo será negativa: cuidadores que rechazan, critican, castigan, presionan, comparan, tienen exigencias desmedidas.
La imagen de sí mismo que tiene un niño es producto de su experiencia en su hogar. El niño se identifica con la mirada de su cuidador. A partir de allí su autoestima ya no dependerá de lo que pudiera ser en sí mismo, sino de la aprobación o rechazo que despierte en sus vínculos más importantes.
Cada vez que pienses o sientas que tu hijo tiene “alta o baja autoestima” te sugiero que reflexiones acerca de tu rol en la construcción de esos “cimientos”. ¡Si el espejo está roto…hay que repararlo! Siempre hay “mensajes” para que tu hijo se sienta mejor consigo mismo, confiando en sus capacidades y con mucho amor propio para así cuidarse y establecer relaciones saludables.

María Soledad Quaini
Psicóloga – Mat. 6036.

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