El poeta de los dictadores

Montevideo, Uruguay, 1872.


José Mujica, Eleuterio Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof son detenidos por las fuerzas militares de Uruguay al ser una gran amenaza para la dictadura que azotaría el año siguiente y durante doce años al país charrúa. Los tres militantes eran dirigentes del movimiento de liberación nacional Tupamaros y a partir del año 1973 fueron declarados como rehenes políticos. Doce años pasaron encerrados en la oscuridad absoluta siendo trasladados por diferentes centros de detención clandestinos. Uno de ellos, Mujica, fue estrictamente separado sin tener comunicación con el resto de los detenidos y no era para menos: las convicciones ideológicas de Pepe Mujica tenían más fuerza que cien metrallas juntas y los dictadores tan errados no estuvieron: años después se convirtió en el presidente latinoamericano más influyente de la década. Los dos detenidos restantes fueron encarcelados en fosas comunes y se comunicaron, a lo largo de los doce años, con un alfabeto a base de percusión dando golpes en las paredes llegando a jugar partidas de ajedrez a través de los muros. 
El personaje principal de la siguiente historia es Mauricio Rosencof, poeta y dramaturgo Uruguayo. La necesidad de escribir lo llevo a redactar cartas de amor para los militares que lo detuvieron y lo rebajaron a la nada misma. Los militares, lejos de gozar de un vocabulario de conquista acudían al poeta detenido para que este redacte los versos de amor para conquistar a sus prometidas. Tanto fue el labor del Tupamaro con sus versos poéticos que llegó a entablar relación con uno de los sargentos quien gracias a los poemas del detenido llegó a contraer matrimonio años después.  
Los tres presos políticos fueron liberados en el año 1985 y el resto es historia. En pleno cautiverio Mauricio Rosencof escribe un poema para su compañero de militancia y de calabozo durante doce años: Eleuterio Fernández Huidobro , a quien despidiera años después el día de su muerte:
“y si este fuera mi último poema, insumiso y triste, raído pero entero, tan solo una palabra escribiría: compañero”

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1 respuesta

  1. Claudia dice:

    Buena historia “El poeta de los dictadores”. Buen ejercicio para la memoria.

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