Naturaleza.

Nació del aire,

del suspiro de un soñador.

Ella rodea al desgraciado

y le susurra,

con voz de la que ama,

que en el reloj todavía hay arena.

La acunaron las olas;

las lágrimas saladas del agonizante.

La parió la esperanza,

aquella que desprende

el suicida, por última vez,

esperando a ese alguien que lo quiera;

ese que nunca llega.

La alimenta la tierra fértil

la misma en la que entierra

corazones resquebrajados.

Nació del aire,

de aquél que se ausentó

y asfixió

a aquella mariposa

a la cual la vida ignoró.

Gabriela Requino

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