Los niños frente a la pérdida de un ser querido

Duelo en la Infancia

La pérdida de una persona amada constituye (para grandes y chicos) una de las experiencias más penosas por las que un ser humano puede pasar.
Cuando se produce el fallecimiento de un ser querido en el ámbito familiar los adultos tenemos que asumir la función de acompañar en la expresión de los sentimientos de los niños para que el duelo asuma un giro sano.
Para ello es importante contar con la información necesaria para saber qué hacer y qué no hacer en estos casos…
– No negar o esconder lo que ha ocurrido: suele ser una alternativa que bloquea en los chicos la tramitación de sus propios sentimientos dolorosos y trae aparejados trastornos emocionales.
– Si se trata de una enfermedad poder anticiparles la posibilidad de pérdida inminente. Esto nos da la posibilidad de “prepararlos”, distinto en el caso de una muerte traumática (accidente o hecho delictivo).
– No hay que manejarse con mentiras o explicaciones confusas del tipo: “se durmió para siempre”, “Se fue de viaje”, “No lo vamos a ver por un tiempo”. El niño pequeño sabe poco de metáforas y es inevitable que las entienda literalmente.
– Es importante que el niño participe de lo que va aconteciendo, con explicaciones simples y acotadas, pero claras, para que nada quede librado a la fuerza de su fantasía.
– Que se le permita hacer toda clase de preguntas y responder de la manera más honesta posible.
– Restablecer rápidamente el ritmo de la vida cotidiana de los niños: volver a la escuela, ir a cumpleaños, jugar con amigos. Es importante comunicar en el establecimiento educativo la situación para que puedan acompañar en el proceso de duelo.
– Los rituales funerarios (velatorios y entierros) suelen ser medios eficaces para sobrellevar el dolor inicial, y es aconsejable no excluir a los niños de participar de ellos (siempre que se les de la posibilidad de elegir y acompañamiento a cargo de un adulto). Por lo general los adultos temen que los niños se impresionen en estas ceremonias, sin embargo, es bueno que se les permita participar a modo de despedida y posterior aceptación.
– Los niños interpretan rápidamente los signos. Cuando un padre teme expresar sus sentimientos, los hijos ocultarán los suyos. Cuando un padre prefiere guardar silencio, los hijos tarde o temprano dejarán de hacer preguntas. Cuando un padre se desborda emocionalmente su hijo pasará a cuidarlo, invirtiendose los roles. Todo esto es lo que se debe evitar.

Posibles manifestaciones del duelo en los niños:

  • Temores: si se perdió a uno de los progenitores a perder al padre sobreviviente, a la propia muerte, a enfermarse (explicar que cuando nos enfermamos no nos morimos), a dormir (y no despertar).
  • Enuresis.
  • Estreñimiento.
  • Trasotrnos del sueño.
  • Estallidos de llantos (en niños más grandes).
  • Incremento de actividad.
  • Problemas de conducta.
  • Disminución del rendimiento escolar.
  • Cambios en la ingesta.

¿Qué entienden los niños respecto a la “muerte”?
Los niños de 3-4 años perciben la muerte como un hecho transitorio, no definitivo, que pueden revertir a voluntad: ej: juegan a que la muñeca se enfermó y muere y a los pocos minutos volvió a vivir. La noción de la muerte como un suceso definitivo e irrevocable tarda varios años en constituirse en la mente infantil. Un niño debe tener por lo menos seis años para comprender la diferencia entre una separación temporal y una perdida permanente.
Tanto en chicos como en grandes, durante el proceso de duelo habrá momentos de superación y otros en los que se revivan los sentimientos de tristeza. No hay tiempos cronológicos sino tiempos personales y familiares. Es aconsejable para los papás ante estas circunstancias buscar orientación y acompañamiento de profesionales de la salud mental.
Es importante que los niños puedan vivenciar el dolor como algo que puede transitarse y superarse.


María Soledad Quaini / Psicóloga – Matrícula 6036

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