Sonrió, sintió paz.

Salió del trabajo, caminó rápido para llegar a su casa. La esperaba sus hijxs. Sonrió. Sintió paz. Tuvo flashes en su cabeza, volvió a sonreír, llegaba a su casa y sabía lo que se iba a encontrar, no tenia miedo de volver. No se le aceleraba el corazón esperando el colectivo, no tenia que mandar un mensaje para «tranquilizar», no caminaba lento para no llegar, no trataba de descifrar el ánimo a través de los tonos de voz, no rogaba que todo este normal, que no haya botellas de cervezas vacías, ni música a todo volumen, ni la estufa tirada perdiendo gas, ni la puerta abierta.
Ella sonrió y sintió paz. Ella sabia lo que encontraba ahora al llegar a casa.
Tampoco sentía esa angustia los domingos a la tarde, cuando todos se iban, y ella quedaba tratando de «pilotear » lo que quedaba del fin de semana, para que no haya gritos, ni insultos, ni llantos. Tratando de disimular delante sus pibes una situación que ya era normal…
Ella salió del trabajo y pasó por el kiosko. Delante , una pareja. El comprando alcohol. Ella… ella se vio en esa mujer… la misma sonrisa nerviosa, esa necesidad de disimular, y ese paso lento para volver a casa, donde él despierta, donde ella oscurece, donde los chicos se asustan y los vecinos se anestesian, llegar a su casa, prender la tele y escucharlo a él decir «mira que hijo de puta, de tantas puñaladas la mato » a él, la misma persona a la que ella le teme, el infierno adentro y el buen tipo afuera.
Ella compró y se fue pensando en esa pareja, en esa mirada…que no querría ver en ninguna mujer.
Llegó a su casa, los recuerdos la habían invadido sin embargo se miró al espejo. Ya no era la misma.
Ella aprendió a sonreír de nuevo y a volver a su hogar sin miedo a lo que iba a encontrar…

Natalia Arena

Spread the love
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *