La teoría de la paz según el cristal privilegiado

Queremos un mundo de paz dicen los que, otra vez, biblia en mano, desprecian y asesinan a sus hermanxs solo porque se piensan superiores a ellos.
Quieren paz los que ordenan disparar, violar, secuestrar y desaparecer a personas en pleno siglo XXI. La paz de la que ellos hablan es más parecida a la sumisión de los desesperados, que siempre andan así, desesperados, por el hambre, por el abandono y por el solo hecho de haber nacido pobres.
Para los pobres, la paz huele a lucha, a resistencia, a dejar la vida con tal de decir basta, no queremos más su puta paz.
Porque es injusta, exclusiva de la piel clara, y sobre todo porque esa paz está bancada por la guerra, económica, bélica y de poderes varios.
Si las masas excluidas salen a las calles a decir basta, a gritar que no aguantan más, las minorías les responden con gases, balas, palos y todo tipo de abusos en nombre de la paz.
Esa teoría que quieren implantar los «exclusivos del poder» dice que cualquier acto de rebeldía no es pacífico, que solo es pacifica toda aceptación sin ningún tipo de reclamo.
Esa paz que intimida si quieren cuestionarla no sabe escuchar la otra campana, la de los impacientes que ya no ocultan su descontento con esa falsa idea de armonía.
Si la paz no incluye a todxs, no alimenta ni educa ni cura ni da posibilidades de vivir con alegría, no es paz. Es autoritarismo disfrazado de paz. Entonces, capaz, cuando logremos salirnos de la repetición del discurso sobre la paz y nos animemos a pensar una nueva idea sobre ella nos topemos con nuestras contradicciones y nos veamos obligadxs a replantearnos que la paz no tiene nada que ver con la idea que quieren implantar.
Mientras tanto y pacíficamente les digo: métanse esa paz en el orto.

Marcos Morel

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