El placer de la noche.

Hace un par de días atrás charlaba con una amiga sobre lecturas feministas.
Hoy cuando volvía a mi casa después del trabajo, a las ocho de la noche, mirando para todos los costados, viendo por cuál vereda caminar, a pasos rapidísimos y el corazón acelerado…recordé la conversación ..
¿Cuando perdimos el placer de la noche?
El placer de caminar en la noche…

Hace trece años atrás laburaba en el mismo lugar de ahora, a no mas de diez cuadras de mi casa…tenia el placer de volverme caminando a la una de la mañana, sola, sin miedo, mirando el cielo, con el viento en el rostro y el pucho en la mano…
Hace cuatro años, en otro laburo, esperaba el colectivo sola media nerviosa, bajaba y caminaba esas mismas cuadras, con cuidado, pero todavia miraba el cielo, pasaba por las vias del tren, y deseaba seguir caminando…
Hoy, esas mismas cuadras, ocho de la noche. Y el miedo. Y el terror. Y el alivio cuando hay gente. Y la ansiedad, ese abrir la puerta apurada. Y si llueve, tomarme un taxi por un par de cuadras. Y si es muy temprano por la mañana, lo mismo. Hasta los amaneceres perdimos…

¿Cuando dejamos de disfrutar de la noche?
Sentarse en la vereda y charlar sin miedo a que un tipo se ponga en bolas delante tuyo y se masturbe o quiera violarte…
Sentarse en la vereda en libertad quizas sea uno de los mejores recuerdos de mi infancia, en las vacaciones aca en Baigorria…

Y no sólo perdimos las veredas, perdimos las calles, el placer de las estrellas, de las charlas, de los amores. Y no. No es justo.

¿Vos? ¿Te pusiste a pensar cuando perdimos el placer de la noche, también, por ser mujer?

Natalia Arena

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