¿Insistir o desistir?

Uno va por ahí buscando emocionarse con las cosas simples y cotidianas. Con los árboles, el canto de los pájaros, ese beso en la plaza colmada por un pueblo feliz, que alguien bien supo inmortalizar en una foto. En ese canto al unisono de una masa que desborda esperanza y alegría. Si, emocionarse con cosas simples. Parece innecesario para muchas personas. Y ahí está mi punto. Reconozco que tengo que dejar ser a las personas como a ellas mejor les parezca, si quieren dejarse llevar por la inercia y la inacción, que lo hagan, que se fundan las pupilas mirando la pantallita o el Smart Tv para esforzarse en terminar ese jueguito de 5 lucas. Si, 5 lucas. Hay que dejarlos ser (?). En esa dicotomía estoy ahora. No quiero convertirme en un intolerante hacía las pocas ganas de pensar del otro. Ni ser el pedante que piensa que se las sabe todas. Entonces, ¿ Te dejo ser y sigo con mi búsqueda? O ¿arriesgo mi tiempo queriendo que de alguna manera salgas de ese lugar idiota? Ahí afuera hubo una alegría colectiva que se hizo sentir en las calles y en los corazones de todos y todas los que fuimos a contagiarnos del amor al otro. Otra vez el otro, otra vez vuelvo a empezar con el mismo rollo. El otro, ¿Hasta donde, hasta dónde insistir, hasta donde interpelar? ¿Dónde la insistencia se convierte en imposición?¿ Y dónde tiene el límite la persistencia? La alegría colectiva puede significar emocionarse con la alegría del otro, por más que al otro no le importe.

Suer Ton

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