12 AM.

Un saludo
sin rostros enfrentados;
un adiós encriptado
que no supimos descifrar.
Un abrazo a la distancia
sin cuerpos presentes
que se siente tan cálido;
un adiós encriptado
que no supimos descifrar.
Un soplo de esperanza,
un Dios que me mintió,
dos corazones
que latieron al unísono
sin dar cuenta
que sería el último;
un adiós encriptado
que no supimos descifrar.
Una última sonrisa
que no supe disfrutar,
una promesa de volvernos a ver
que no cumpliríamos
y un último «te quiero» sincero.
Una voz se apagó.
Un adiós encriptado
que inconscientemente
no quisimos descifrar.

Gabriela Requino

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