“Trayectos 3”

Volvíamos de zona sur hacia Funes. Venía pensando cuánta gente hay en esta ciudad que hace ese recorrido cotidianamente, o parte, por Circunvalación.

Muchos por querer tener una vida “más cercana a la naturaleza” y otros por no conseguir un lugar para vivir en Rosario fueron migrando a Funes, a Roldán, a Baigorria, a Ibarlucea. Acceso a la vivienda: “entre lo que sale alquilar un monoambiente, más la expensas, nos alquilamos esta casita acá, que podemos poner una Pelopincho y los ladridos del ‘León’ se entreveran con los de los otros perros”, aseguraban Dianita y Pablo. Otros tuvieron distinta gracia: la pileta ya estaba puesta y solo tuvieron que arreglar fisuras y darle una pintada cada tanto. Otros dieron con el terreno requerido justo a tiempo para ingresar en los últimos sorteos del PROCREAR, a finales de 2015, porque otros -los que ya tenían el terreno- habían ganado el PROCREAR y se construyeron la casa con “pileta pendiente para más adelante” que no pudo concretarse en estos últimos cuatro años, y quedó hecho el pozo… pendiente.

Volvíamos de zona sur hacia Funes y yo pensaba en quienes hacen ese recorrido cotidianamente pero no por Circunvalación, sino por abajo, o por adentro, en colectivo/s. Como íbamos en auto y mi amiga con GPS me aseguraba que “en veinte minutos llegamos”, me dispuse a acompañarla a llevar a Antonio –su hijo adolescente- y a un amigo suyo –también adolescente- al cumpleaños de otro adolescente que vive a escasas tres cuadras de “la Mandarina”, nombre con el que en Rosario se denomina a uno de los más hermosos monumentos a Evita, frente a la sede del Sindicato de la Carne, íconos del Saladillo. Inevitablemente recordé “el operativo de desempleo” que llevamos a cabo en esa sede -promediando los ’90- los trabajadores de Anses: tres empleados, cuarenta legajos por día cada uno, durante dos semanas… el resto iba a tener que ir al centro -a la Delegación- y fueron muchos, y dolía el alma.

Esos rostros aindiados, criollos, mestizos, también fueron ocupando un lugar en esta ciudad, o mejor dicho, en las franjas “entre”: entre el barrio tal o cual, entre la vía y…, entre el cantri y el arroyo, entre el cantri y la ruta, entre el cantri y… y detrás del muro del cantri. Fueron haciéndose por allí sus casitas: ni cantri ni PROCREAR… muy de a poquito: chapa, ladrillo hueco, aberturas de aluminio, pastito al frente, alambrado. Algunas gallinas y árboles jóvenes -fresnos y sauces de unos cinco años- para matear debajo o para estacionar la moto.

Bajamos de Circunvalación hacia Funes, por una calle de esas que conecta luego con la denominada oficialmente “Camino de las carretas”. Mi amiga me decía -orgullosamente- que ella “siempre va por ahí, que le deja la ruta a los giles, a los que tienen miedo de andar por acá… miedo de que los roben”. “Por acá” era por el cordón de las casitas “ni cantri ni PROCREAR”, donde se escuchan chamamés, cumbias, reguetones y folklores; donde hay cuneta y algún que otro carro de los que ayudan a “parar la olla”.

“Piensan que los van a robar -me dice- entonces los del cantri se hicieron este muro, ves?” y me señala un paredón laaaaargo -a mi derecha- que bordeamos por más de dos cuadras. “Este sería el fondo de este cantri, no los quieren ni ver” continuaba su explicación con el tono de quien reafirma el profundo desprecio por quienes se empeñan en marcar la diferencia, en ostentar la desigualdad. Hicimos algunos comentarios ácidos, de esos que reactualizan el sentido de nuestra amistad, desde hace más de treinta años.

“Pero pará!!! -me dice- ahora vas a ver!!! Te voy a mostrar!!!! Vos que no me creías, que me decías que yo invento, que veo cosas que no son, que exagero!!! Ahora vas a ver!!! Te voy a mostrar!!!”, casi como una venganza a mi reiterado escepticismo que, en otras ocasiones, le había manifestado frente a su hallazgo. Me había mandado ya varias fotos por wasap, pero yo insistía en que “debía ser de otra cosa”. Y no, los vi, son dos: dos puentes de acceso al cantri que “sobrevuelan” la “zona peligrosa”. Pasan por arriba casi. Evitan transitar por allí. Llegan “seguros” al cantri. Bienaventurados los que se hicieron los puentes y los muros, porque “minimizan los riesgos” y creen estar seguros. “Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra.”( Mateo 5:3-12 Nueva Biblia de las Américas)

Luciana Bruge

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