Castillos y dragones.

Los castillos y los dragones sirven como metáforas de todo lo que deben soportar muchas pibas en estos días. El castillo impenetrable bien puede ser esa «casa» en la que no pueden sentirse vivas, y solo deben ocuparse de tareas estipuladas por un género que se creyó el más fuerte. Ya no pueden soñar, ni jugar, ni ser otra cosa más que la sirvienta del lugar. Los dragones vigilantes y opresores que no permiten el contacto con lo externo, es claramente, esa posición que el «hombre» ejerce hace siglos contra ellas, porque así de «enfermita» es la cabeza del macho alfa. En lo único que estamos todos de acuerdo, es en que NO es el amor. No podemos dar muchas certezas de conocimiento sino es haciendo el camino de la decantación. No es posesión, ni un contrato, ni un negocio, mucho menos una imposición. Las religiones se encargaron de acentuar más la idea machista del amor, dónde el hombre manda y la mujer acompaña. A modo de contracultura nacen los «antiamores», pero no por desamorados, porque les aseguro que los «Anti» pueden ser los más melosos del mundo. Se convierten en contestatarios de esas versiones que Disney puso en nuestras cabezas acerca del amor. No esperan un día especial para hacer el amor, todos los días son especiales. Se cargan al hombro sueños y delirios pendientes para construir una nueva manera de interpretar el amor. Leen, cantan, escriben, dibujan, tallan y «artesanean» todo lo que sienten . Se equivocan porque es necesario hacerlo si se está creando una nueva manera de pensar el amor. Los «antiamor» no son insensibles, son empáticos, locos y locas que van entregando lo que tienen porque los convence más la idea de amor como perdida, porque se entrega todo, y no como un simple negocio , dónde ambas partes quieren sacar ventajas. Ellos saben cargar con el estigma que los miedosos usan para cubrir sus miserias. Las llevan como marcas de guerra, de muchas batallas dadas para poder dejar una semilla en las mentes que parecen secas y para volver a nutrir el corazón con ideas y formas nuevas.

Los «antiamor» tienen una misión Y no van a parar hasta conseguirlo.

Marcos Morel

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