El amor es superfluo.

El amor es para los adolescentes, es superfluo le decía una a la otra mientras esperaban la reparación de internet. Parecemos la familia Ingalls, se comentan a modo de chiste aparente para amenizar la charla e igualar padecimientos. Es que acá en este barrio del conurbano donde, al parecer los problemas más serios son con la conectividad y las imposibilidad de ver a bebés recién nacidos. En otros lugares la cosa cambia. Sin salir del conurbano (amba, le dicen ahora, se ve) son otros los mambos. Una mamá soltera agarra un llave francesa para reparar la manguera del anafe, que le pierde gas, con tanta mala leche que lo termina rompiendo. Putea al universo, respira hondo, mira a su hijo y decide ir a comprar fiambre para hacer unos «chegusan» y bancar la toma con altos mates de por medio y así llegar a la noche donde quizás pinte algún delivery de esos que no explotan a los pibes. Ella a pesar del veneno por la ruptura del cañito decidió estar agradecida de poder buscarle la vuelta sabiendo que según sus propias palabras, tenía vida y a su hijo con ella. En otros barrios se conoce la noticia que ese virus esta presente, no como las autoridades que niegan el servicio de agua potable a cientos de personas y usan sus operadores mediáticos para burlarse de la muerte de alguien («que por cierto, hay que ser virgo y reverendo cara de pija para laburar de eso») Se suspenden ollas populares por miedo al rebrote masivo, el chusmerio y las mala leche vuelan en las redes sociales. Ahí la palabra amor tiene definitivamente otro significado. No es ese amor romántico que empalaga más que la miel. En estos lugares el amor es seguir bancando todo esto juntos sin estigmatizar sin dejar de lado a nadie, buscando alternativas para seguir tirando centros cómo sea. Para algunos el amor es cosa de adolescentes, superfluo. Para otros es un motor que mueve millones de manos para generar contención y solidaridad. Resumiendo, algunos se quejan por el internet o se encargan de sembrar odio a cambio de algunos pesos. Por suerte existen personas que siempre elijen agradecer y ser solidarios.

Marcos Morel

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